La presión federal sobre las alianzas chinas de Ford dejó de ser un murmullo. El 8 de septiembre, el secretario de Transporte Sean Duffy envió una carta a Jim Farley con “profound concern” por las dependencias con CATL, Geely y BYD, y urgió a cortar vínculos, según Reuters.

El Departamento de Transporte se dice “deeply alarmed” por la licencia de CATL en la planta de Marshall, Michigan. CATL figura en la lista del Pentágono de empresas con lazos militares chinos. Duffy también critica el retraso a 2030 para sacar de China la producción del Lincoln Nautilus y el discurso de Farley sobre joint ventures chinas en suelo estadounidense.

Ford no se quedó callado: calificó la carta de “wrongheaded” y subrayó que “Ford owns the plant, controls the operation and employs the workforce”. El choque es reputacional y de política industrial a la vez. Habrá que ver si se traduce en condiciones concretas sobre licencias o solo en ruido mediático.

Para proveedores y rivales, el mensaje es que las alianzas con el ecosistema chino en baterías ya no pasan desapercibidas en Washington. Marshall deja de ser solo un park de baterías y pasa a ser símbolo del debate.