Un viaje que en Austin suele tomar unos diez minutos por freeway se estiró a setenta en un Cybercab. Electrek relató el trayecto de 99 Ranch Market al Domain, en el norte de la ciudad: sin MoPac ni US-183, el vehículo se quedó en calles locales y alargó el recorrido de forma brutal.

La tarifa rondó los US$20. La app muestra un precio estimado, no una duración, y el pasajero puede cancelar cuando quiera. Eso suena razonable en papel; en la práctica, alguien que corre a una cita o a recoger a alguien se lleva una sorpresa desagradable.

La misma restricción aplica a la flota Model Y robotaxi y al Cybercab: nada de highways y se evitan los cruces ferroviarios a nivel. Es un límite operativo real, no un bug de un día. Hasta que Tesla abra corredores más rápidos —si es que lo hace—, el “robotaxi” compite mal contra un Uber que sí toma el freeway.

Para el dueño interesado en el servicio o en el relato de autonomía, el caso sirve de antídoto al marketing. El hardware puede circular sin conductor; el mapa permitido todavía no.