Stellantis y Unifor entraron en terreno sensible en Canadá. El contrato que cubre a más de 9.000 trabajadores venció el 20 de septiembre y el sindicato no descarta la huelga. En el centro del choque está la planta de Brampton, históricamente ligada a Challenger y Charger.
Stellantis firmó un memorándum de entendimiento no vinculante para vender Brampton a Roshel, una firma de defensa. Unifor pide que la planta no se cierre ni se venda. La cobertura del 23 de septiembre retoma el impasse: un paro podría tocar no solo ensamble, sino también piezas y la fundición de Etobicoke, con posibles efectos en Pacifica y Charger.
Para la comunidad Dodge/Stellantis en México, el ángulo es de suministro e industrial, no de un recall local. Si la tensión escala a paros, el impacto se siente primero en Canadá y en la cadena de partes; el traslado a precios o disponibilidad en LATAM, si llega, sería más tarde.
De momento no hay huelga declarada: hay contrato vencido, una posible venta y un sindicato que no suelta la amenaza. Vale seguir el próximo comunicado de Unifor o de la compañía antes de asumir un cierre.