La cifra dice más del plan de gasto que de la deuda en sí. Tesla informó a la SEC, en un 8-K del 29 de septiembre, que firmó tres líneas de crédito no garantizadas por US$30,000 millones: un préstamo a plazo de disposición diferida de US$20,000 millones a tres años, con Citibank como agente, y dos revolventes con Wells Fargo, una de US$8,000 millones a cinco años y otra de US$2,000 millones a 364 días. Al firmar no había nada dispuesto, y la empresa escribió que “actualmente no planea” usarlas en 2026.

El documento tiene letra chica interesante. El préstamo de US$20,000 millones solo puede usarse hasta diez veces en 18 meses, y lo no dispuesto baja a US$10,000 millones al primer aniversario y a US$5,000 millones a los 15 meses. Tesla debe mantener al menos US$5,000 millones de liquidez, y las revolventes pueden crecer otros US$4,000 millones. El paquete sustituye una revolvente de US$5,000 millones de 2023, sin saldo.

¿Para qué tanto? TechCrunch lo liga a escalar Cybercab, Optimus y el Semi, productos que exigen líneas nuevas y, en el caso del Semi y Optimus, fábricas dedicadas. En su reporte del segundo trimestre, Tesla anticipó un gasto de capital superior a US$25,000 millones en 2026, impulsado por IA, cómputo y centros de datos, contra US$8,530 millones en 2025. Cerró junio con US$43,520 millones en efectivo e inversiones de corto plazo y US$9,080 millones de deuda.

Electrek hace la lectura más dura: titula que Tesla “se acerca a la falta de rentabilidad”, señala que sus ganancias han sido estrechas en los últimos trimestres y que el flujo de caja fue negativo el trimestre pasado por primera vez desde inicios de 2024. Es la interpretación de ese medio; el 8-K solo dice que el dinero está disponible, no que se vaya a usar.

Para quien sigue a la marca, la señal es que Tesla se prepara para un 2027 de gasto pesado. Los contratos completos se publicarán como anexos del 10-Q del tercer trimestre; habrá que ver si para entonces hay planes de disposición.