Por ahora es una intención, no una regla. Alicia Bárcena, titular de la Semarnat, dijo en la conferencia presidencial que su dependencia y la Secretaría de Economía están “en acuerdos para ver si también podemos limitar la importación de autos usados desde Estados Unidos”, según la nota de Agencia Reforma que publicó El Diario. No dio alcance, requisitos ni fecha; Vanguardia y El Imparcial coinciden en que el tema sigue en análisis y en que no se ha anunciado cuándo entraría en vigor.

El antecedente son los pesados. En octubre de 2025, Economía y Semarnat fijaron condiciones para la importación definitiva de vehículos usados con motor diésel y más de 3,857 kg de peso bruto: el motor no puede tener más de 10 años al entrar al país y el importador debe declarar que no fue alterado. Bárcena aseguró que esa medida “hizo la diferencia” en emisiones. Según Vanguardia, en noviembre pasado la funcionaria dijo que los diésel eran menos de 5% del parque vehicular, pero generaban 61% de las partículas del transporte.

Llevar esa lógica a los autos ligeros toca un tema sensible. El programa de regularización de autos “chocolate” terminó el 31 de diciembre de 2025; para entonces, con cifras del Registro Público Vehicular citadas por la AMDA, se habían regularizado 2,987,839 vehículos. Aparte, el decreto que regula la importación definitiva de usados vence el 30 de noviembre de 2026, de acuerdo con la publicación en el Diario Oficial que difundió la misma asociación. Esa fecha sería una ventana natural para endurecer requisitos, aunque el Gobierno no lo ha planteado así.

¿Qué significa para quien piensa comprar? Hoy nada cambia: importar un usado de forma legal sigue sujeto a las reglas vigentes. Si la restricción avanza, el efecto se notaría primero en los estados fronterizos, donde el usado estadounidense pesa más en el mercado, y podría favorecer a los seminuevos nacionales y al negocio de postventa de las agencias. Habrá que ver si se usa un límite de antigüedad, como en los camiones, o una norma de emisiones.