Ford ya puso por escrito lo que Jim Farley había adelantado de palabra. En un reporte 8-K entregado a la SEC el 2 de octubre, la empresa dijo que el problema de un proveedor que afectó la producción de la F-150 a finales de septiembre fue de corto plazo y ajeno al aluminio, y que su impacto financiero se puede contener dentro de la guía de EBIT ajustado de 10,000 a 11,000 millones de dólares para 2026 que dio el 28 de julio.

La forma también dice algo. Ford colocó ese párrafo bajo el apartado de Regulación FD del 8-K, es decir, como información proporcionada y no presentada formalmente, separada del comunicado de ventas. No da una cifra del costo ni nombra al proveedor.

Lo del aluminio importa. Un trabajador de Flat Rock dijo a CDG News, de Dealership Guy, que les habían hablado de falta de aluminio y que parte del trabajo de motores de Dearborn se movió a esa planta; Ford no respondió entonces. Ahora lo descarta. Dearborn paró del 24 al 29 de septiembre y Kansas City perdió turnos, como contamos el 30 de septiembre.

Los números del trimestre muestran el colchón con el que llegó el tropiezo. La producción de la Serie F subió 4.5%, a 266,777 unidades, impulsada por 110,275 Super Duty, su mejor trimestre de producción en 19 años. Las ventas de la Serie F crecieron 2.4% en septiembre, a 67,448, y suman 561,508 en el año, más de 140,000 por encima de la Chevrolet Silverado, según Ford.

El margen es corto en piso de venta. Los distribuidores tenían unos 40 días de inventario de pickups a principios de septiembre, por debajo de la meta de 50 a 60, reportó CBT News, y The Wall Street Journal subrayó que el paro pegó a las entregas mayoristas del trimestre.

En México, la pickup se vende como F-150, desde 1,027,000 pesos la XL según Ford México, y como Lobo, desde 1,453,500 pesos la Lariat, según Autocosmos. Ninguna se arma en el país, y Ford no ha informado efectos en el abasto local.